PATA PALO
Atrás quedaba el bullicio de las Ramblas. Tal y como nos acercábamos a la Puerta de la Paz , era menor el ir y venir de transeúntes que se atrevían a pasear en aquella fría tarde de invierno. El manto oscuro de la noche ya se había adueñado de la ciudad. Las golondrinas permanecían desiertas, como si de paquebotes fantasmas se trataran. Sobre los escalones que bajaban hasta el nivel del mar, quedaban el rastro de aquellos que habían elegido…