PIXAPINS

PIXAPINS

Si señores yo soy un “pixapins” y a toda honra. Los “pixapins” somos una raza diferente, somos supervivientes en un mundo ajeno al nuestro, donde domingo tras domingo superamos situaciones límites. Los pixapins  nacimos al inicio de los años sesenta, justo en el momento  que la empresa de  automoción SEAT lanzó al mercando nacional el modelo Seat 600. Eso si que era un coche, y no lo que hoy en día circula por nuestras carreteras. El  SEISCIENTOS brindo durante dos largas décadas, la oportunidad  de romper  los límites de la gran ciudad de Barcelona, no solo  llegábamos  a las poblaciones del extrarradio, sino que en viajes estoicos de ida y vuelta en una sola jornada dominical, conseguíamos visitar pueblos , aldeas, playas y montañas, que por aquel entonces solo estaban reservadas para el disfrute de los elegidos (la gente de pasta). Hoy día, ya no existe un lugar en el mapa de Catalunya, que un buen pixapins no haya visitado al menos una vez en su vida.  

Aunque el ADN del pixapins  es totalmente urbanita, tenemos un GEN donde almacenamos la información recibida de nuestros orígenes, y como primate la unión con la naturaleza es ancestral, o dicho de una forma más coloquial, la cabra siempre tira para el monte”. A los pixapins nos atrae todo aquello que huela, que sepa, o que se parezca a  la naturaleza. No nos importa que haga frío o calor, tampoco nos importa tener que madrugar, ni tan siquiera tener que sufrir largas caravanas  para poder cruzar la barrera de un peaje, por cierto dos conceptos que  nacieron con nosotros, caravana y peaje.  El pixapins adora la autopista, no entendemos  porque pagamos para ir en caravana,  pero si sabemos que ella representa nuestra vía de escape, nuestro cordón umbilical con la naturaleza, por esa razón siempre hemos sabido leer entre líneas, cuando los letreros luminosos de las autopistas nos anuncian “ retenciones”, nosotros tenemos muy claro que nos vamos a tragar tres horas de caravana.  Bajas la ventanilla con toda la dignidad que te sea posible, apoyas  el codo y vigilas de reojo al coche de la izquierda, por si se despista y  puedes cambiar de carril, para adelantar un metro más. Porque si señores, uno de los valores de la liturgia del pixapins, es el sentimiento profundo de la unidad colectiva. Verano o invierno, contra vientos y mareas, los pixapins  salimos y regresamos de la metrópolis todos unidos,  a la misma hora y por las mismas autopistas.

Lo peor que se le puede hacer a un pixapins  durante  la semana , es que tu compañero de trabajo te hable de una feria agrícola- ecológica- medieval, de cualquier pueblo de Cataluña, porque desde ese momento  tu ya sabes cual será tu plan para el próximo domingo. No importa lo lejos que este, no importa  la previsión meteorológica, no importa que sea final de mes, a la hora punta del próximo domingo, tu visitaras la feria agrícola-ecológica-medial de la que te han contado maravillas.

No te importa la  caravana, ni la pasta  del peaje, tampoco te importan los seis euros que has tenido que pagar en concepto de parking,  por dejar tu flamante coche nuevo en medio de un barrizal  a tres kilómetros del pueblo, porque ya solo tienes  ojos para mirar la paradas de quesos y embutidos biológicos, frutos secos, miel, aceites, vinos ecológicos,  cocas, magdalenas, carquiñolis y pan de payes sin gluten y sin azucares añadidos. Por supuesto todos los productos con denominación de origen, porque el pixapins tiene muy claro que es lo que busca es un producto sano y natural.  

En el siguiente tramo de calle te encuentras las paradas de los artesanos y buscas con ahincó ese letrero que te garantiza el producto de un buen artesano,    “ FET A MA “ , tu no quieres productos hechos industrialmente o en serie, para eso ya vas los sábados a IKEA. El pixapins  buscas productos artesanales , hechos a mano. Haces cola para ver como el ceramista trabaja el barro en el torno, le pagas diez euros por una masterclass de dos minutos y sales con las manos llena de barro y un cerdito  de barro cocido. Te paras con la boca abierta, delante del herrero que trabaja el hierro en la fragua de gas butano.  En la parada del  artesano que trabaja el vidrio, los ojos te salen de las orbitas. El carpintero te impone menos, lo cual no quita que te lleves  unos utensilios para la cocina, eso si  “ hechos de madera reciclada “.

Orgulloso llegas al final de la feria agrícola-ecologica-medieval, con   tres bolsas de plástico llenas de productos originales del mundo rural, un cerdito de barro, unos utensilios de madera reciclada para la cocina, y en la cartera cien euros menos. Miras hacia atrás y ves los trescientos metros de calle con veinticinco paradas por acera. En la calzada una multitud de pixapins  que caminan ordenadamente, muy pegados unos a otros y  en ambos sentidos de la marcha. Eres consciente que en algún momento te has cruzado con el conductor que adelantaste un metro en la caravana y has visto de lejos la calva del compañero que te recomendó venir a esta feria y te sientes feliz porque todo esto no deja de ser como una tarde de rebajas en Puerta del Angel, pero a pleno sol. Ya te puedes dar con un canto en los dientes, si de vuelta al coche, pasas por el cercado montado por el ayuntamiento , con cuatro gallinas, tres ocas, dos cabras y una vaca, entonces como vuelves a sentirte muy feliz, te sale del corazón, aquella frase tan típica del pixapins  “QUEMACU”.

Sacas tu flamante coche nuevo del barrizal sin problemas, porque ahora el pixapins ya no viaja en un seiscientos, ahora viaja en un SUV, con ordenador a bordo, totalmente equipado y  super contento de que después de seis meses has vuelto a tener la posibilidad de poner la tracción a las cuatro ruedas, que tanto te mola. Estoy por pedir a la Sra. Colau que le arranquen el asfalto a algunas calles de Barcelona, para que todos  los pixapins podamos poner la tracción a cuatro ruedas  sin que tenga que pasar seis meses. El GPS de tu SUV te lleva a comer, hasta esa masía perdida en el medio de la nada, con un menú de treinta y cinco euros por cabeza.  Entremeses, fricando y crema catalana porque el pixapins es tradicional y clásico.

Ya de vuelta y en caravana, vas recordando la maravillosa jordana de la que  has disfrutado. Atrás dejas el peaje y los últimos veinte kilómetros los pasas pendiente de la velocidad, porque para una vez que puedes poner la sexta marcha de tu SUV, puede que el radar de la autopista te haga una foto, como inmemorable recuerdo del domingo que esta a punto de terminar.

Bracelona, 28 abril 2019

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