LA CUESTA DE ENERO

LA CUESTA DE ENERO

¿Donde ha quedado la Navidad?, apenas un recuerdo. Las calles iluminadas, los villancicos, las cabalgatas, los turrones y las comilonas. Bueno esto último más que un recuerdo, es una tortura que sufres cada mañana cuando en la intimidad de tu cuarto de aseo, en pelota picada, intentas pesarte, confiando que la báscula marque algún que otro gramo de menos.

¡¡ Por favor!! Que alguien me explique, por que antes las agujas de las básculas de toda la vida, marcaban entre 87 y 88 kilos, el resto dependía de tu propio criterio. ¡¡ Ahora no!!!, ahora las basculas digitales te marcan   hasta los gramos, ochenta y siete con setecientos gramos. Y yo me pregunto ¿  es necesario saber con tanta exactitud,  que estas más cerca de los 88 que de los 87?. ¡¡ Tremendo calvario, lo de engordar ¡!

Pero bueno, antes o después te tienes que enfrentar a la realidad y esta no es más ni menos que el frío invierno ha llegado y con él,  la cruel cuesta de enero, febrero y algún que otro mes.  Asumir las rebajas de los grandes almacenes y las subidas de los precios de todo lo demás. Agua, luz, gas, transporte público, y un largo etc. Sigues pesandote por las mañana y ves que no hay forma, pero como también te ha llegado la notificación del gimnasio del barrio, donde te informan que la cuota ha subido. El remordimiento te corroe, recuerdas que hace más de tres meses que no pisas las instalaciones del gimnasio. En un ataque de locura temporal, sufres un subidón de orgullo mezclado con una fuerte dosis de rabia, rencor y soberbia. De pronto, sin esperarlo, prácticamente a traición, después de pesarte una vez más , tu  autoestima decide por su cuenta que mañana volverás al gimnasio.

En recepción apenas te saludan, ya nadie se acuerda de ti. Mientras te cambias, vas mirando de reojo al resto del personal. Alguna cara nueva, pero por lo general ves al mismo personal que veías hace tres meses, eso sí, todos tienen algún kilo de más como tú. Para que no te pase lo mismo, que te paso el año pasado “ llevaste colgando la etiqueta de DECATHLON,  durante tres semanas”.  Este año te aseguras de arrancar las etiquetas de la camiseta y de la malla técnica, regalos de reyes de tus hijas y de tus yernos.

18797526-gente-hombre-atl-tico-entrenamiento-gimnasio-body-building-formaci-n-saludable-ejercicio-gimnasio-s-foto-de-archivoSales del vestuario cargado de energía positiva, y te diriges a la sala de fitness, ¡¡ ah perdona, que nos sabes que es la sala de fitness!! Pues yo te lo explico, ahora ya no vas a un gimnasio, ahora uno va al fitness center, donde hay una sala llena de máquinas, que se llama sala de fitness, y ni se te ocurra  decirle al encargado de la sala que tú lo que quieres es pedalear, o correr un poco  en la cinta. Que sepas, que para que nadie te mire raro, lo primero que tienes que hacer, es preguntar por el staff trainer. Cuando te lo presentan, le tienes que decir que tu vienes a hacer un poco de  spinning o running. Porque correr en la cinta o pedalear en una bicicleta estática  ya esta muy pasado de moda.

Amablemente el staff trainer, como te ve mayor y con barriga, te manda directamente a la zona de cardio. …. ¡¡ Noooo, no es la U.C.I. ¡! La zona de Cardio, es donde están las bicicletas estáticas, las cintas y una maquina muy chula que se llama : la  elíptica. Te subes a la elíptica, que es lo que te ha recomendado el staff trainer y empiezas a pedalear.  A los cinco minutos, notas que quizás esa autoestima que tienes revuelta desde el día anterior, ha puesto demasiado resistencia a la máquina y bajas del ocho al cinco. A los diez minutos, las piernas te pesan como si fueran de mármol, pegas una mirada a derecha e izquierda y de una forma muy digna, bajas la resistencia del cinco al tres, con la convicción de que los diez minutos restantes  que te quedan para completar el ejercicio, seguro que los vas a superar como todo un campeón. Te bajas de la máquina, sudando como un cerdo,  con la respiración entrecortada, las pantorrillas doloridas,  y con escalofríos en el resto de tu cuerpo. Caminas hasta el aseo y cuando cierras la puerta tras de ti, casi te desplomas. Orinas, bebes agua, te miras al espejo (la cara la tienes desencajada y de color amaríllo ) esperas unos minutos , respiras profundo  y una vez que a tu cara le ha vuelto el color,  sales del aseo como un hombre nuevo.

Cruzas la sala y empiezas a ver a ese chaval que parece un armario ropero, levantando pesas como si fueran de mantequilla, no sabes muy bien porque pero a ese chaval, le estas empezando a coger manía . Un poco más allá esta la morena de la coleta haciendo flexiones, cada día tiene el culo más duro y las tetas más respingonas. Tú sigues animado, cansado pero animado y llegas hasta las cintas de correr. Poco a poco coges un ritmo elevado y cuando ya casi consigues correr, la rodilla te da un grujido y como el que no quiere la cosa te limitas a caminar a paso ligero. Las cintas continuas a la tuya, están ocupadas por dos damas mayores, bueno más o menos de tu misma edad. Como no paran de hablar y tu estas aburrido de caminar sin ir a ningún sitio, afinas el oído y te enteras que están criticando a sus vecinas, y a una señora que esta en una cinta más allá. Murmuran y echan peste de sus maridos, y terminan enumerando de uno en uno todos los dolores que sufren y de lo bien que les va venir al gimnasio.  Caminar sobre la cinta, no caminaban muy ligeras, pero a la sin hueso la hacían trabajar a un ritmo vertiginoso.

Para que mis oídos descansen un rato, me he ido hasta la zona de bicicletas estáticas. Esta vez  consciente de mis limitaciones post vacaciones navideñas, he pedaleado a un ritmo bajo pero constante. En las bicis siempre coincido con los yayos, un grupo de señores que rondan entre los setenta y ochenta años de edad. Yo los tengo divididos en dos cuadrillas, los catalanes y los españoles parlantes. Los catalanes parlantes, hablan de los penaltis que pintan en la liga contra el Barça, de la calidad de Messi, de la chulería de Ronaldo. De la independencia, de lo “ burro” que es Rajoy  y de lo que España nos roba.

Los españoles parlantes, hablan de las pensiones, de los nietos, hacen chistes machistas sobre mujeres y cuentan que antes….. todo era mejor. En lo que si coinciden los dos grupos, es cuando hablan de sus hijos. Todos ellos cuentan con el máximo detalle, las magníficas casas que tienen sus hijos en la costa, los lujosos coches que usan y los trabajos bien remunerados que tienen. Supongo que si tu hijo no es ingeniero, arquitecto, o director de banca, te quedas en casa viendo el programa de Ana Rosa en Antena Tres.

De regreso a casa, me siento feliz, me  noto más ágil, menos pesado, seguro que he perdido  doscientos o trescientos gramos. Mentalmente calculo que a ese ritmo, en un par de meses conseguiré  bajar  dos o tres quilos y que para cuando llegue el veranito ya estaré en forma.  Ya lo decían las antiguas civilizaciones “MENS SANA IN CORPORE SANO”” . Abro la nevera, pico un poco de queso, me como una croqueta que sobro anoche, cojo una lata de Coca Cola Zero que no engorda y me pongo a leer un libro.  Esto de estar jubilado tampoco es tan malo, igual mañana vuelvo a ir al fitness center, oh no.

 

Barcelona, enero 2017

Jose Mª Fdez. Gallardo

 

 

 

 

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